En la infancia, los objetos tienen vidas secretas, las sombras se convierten en presencias y los amigos imaginarios son tan reales como cualquier otra compañía. Los fantasmas no son necesariamente figuras terroríficas: pueden ser criaturas protectoras, personajes inventados o habitantes de un mundo fantástico que, aunque aprendemos a dejar atrás, nunca desaparece del todo.
La propuesta invita a pensar la obra de Tadeo Muleiro como una puerta de entrada a ese territorio imaginario. Sus esculturas de gran escala, suspendidas en la planta del Salón Mayor de la Usina del Arte, irrumpen en la arquitectura como criaturas surgidas de un sueño y de una mitología personal, transformando el espacio cotidiano en un escenario fantástico.
La casa, como uno de los primeros espacios que habitamos, es también un territorio de juegos, secretos y descubrimientos. En la infancia, una escalera puede ser una montaña, un pasillo un túnel y una habitación un mundo entero. A través de las esculturas de Muleiro, la arquitectura recupera esa capacidad de transformarse y nos invita a reencontrarnos con aquello que alguna vez imaginamos y que quizás todavía nos acompaña.
ATP
Entrada libre y gratuita